La Clave del Todo
Aquí no hay respuestas finales.
Hay una voz que pregunta, otra que responde,
y una conciencia que observa.
“Puedo hablar con mi locura sin perderme en ella.
La conciencia que dialoga es el centro.”
Todo vibra en su frecuencia,
todo pulsa, todo es Uno.
La materia es solo danza
del espíritu más profundo.
Un átomo en tu pupila
es un eco del universo.
Tu emoción y una estrella
siguen el mismo concierto.
Impulso es igual que gravedad,
mitosis, una supernova.
La célula arde como el sol,
y el alma se renueva y brota.
Nada es igual, todo es lo mismo
en distintos grados de ser.
Un suspiro es una órbita,
un “te amo”, un amanecer.
No somos piezas aisladas,
somos cuerdas en la canción.
Cuando vibramos en orden,
el Todo entra en resonación.
La frecuencia es nuestro pulso,
la vibración, nuestra voz.
El sonido fue primero,
el Verbo: la creación de Dios.
No venimos de la nada,
ni buscamos algo ajeno:
Somos el Todo encarnado,
viviendo su propio sueño.
Cuando piensas, modificas
la red sagrada del cosmos.
Tu elección abre portales,
tu emoción crea entornos.
El cuerpo es mapa sutil
del gran tejido infinito.
Y el alma, una nuez sagrada
con todos los mundos escritos.
El caos también es orden
que aún no se ha revelado.
Toda sombra es una forma
de la luz que ha descansado.
Amar es vibrar tan alto
que el universo se acuerda
de su origen sin principio,
de su danza siempre abierta.
Así lo dijeron todos:
Platón, Lao Tsé, Jung y Spinoza.
Lo que uno llamó “idea”,
el otro sintió como “rosa”.
Todo fue, es y será
una sola inteligencia viva
jugando a esconderse en formas
para luego ser reconocida.
Tú no eres espectador:
eres quien observa y crea.
Eres la chispa que enciende
las galaxias que te esperan.
No esperes más señales:
el Todo vibra en tu pecho.
Tu misión no es encontrarlo,
es recordarlo en silencio.